Masters

Costará olvidar la victoria de Jordan Spieth en el Masters 2015

Durante las cuatro jornadas del Masters una buena parte de nosotros teníamos nuestras dificultades para saber lo que realmente queríamos para el desenlace de esta edición. Por un lado, queríamos la emoción que la segunda vuelta del Augusta National puede dar un domingo, pero esa emoción vendría sólo si Jordan Spieth se derrumbaba, un jugador de 21 años, al que es comlplicado encontrarle un hater, porque lo tiene todo o casi todo para que te guste como jugador y te caiga bien.

Al final, nos perdimos la emoción de una gran jornada de domingo, pero creo sin temor a equivocarme, que ayer ha nacido un nuevo ídolo para el golf americano y quizás mundial.Un chaval que tras el varapalo de la edición pasada, volvió al Augusta National para cumplir el sueño que tenía desde pequeño, para conseguir el objetivo que se había planteado para su carrera, pero mucho antes de lo que hubiera imaginado o soñado.

Ha ganado Jordan Spieth, pero no ha sido el único. Ha ganado Under Armour, porque la visibilidad obtenida durante estos cuatro días ha sido brutal, con un jugador vestido de Under Armour desde la gorra a los pies, y en el que se podían observar hasta 13 logos de Under Armour. Una marca, de la que me considero bastante adicto por la excelente calidad de su material, y que con pasos como el de este fin de semana, se introducirá todavía más en aquellos mercados en los que sigue siendo una marca psuedo desconocida.

Pero ayer, además de Jordan Spieth y Under Armour, ganó el golf, porque un chaval de 21 años ganaba por la puerta grande, ganaba justo con lo que a los astros jóvenes de otros deportes más se les echa en falta: humildad, educación, respeto y tenacidad. Más allá de la calidad que tiene en todas las facetas del juego, ganó  con una cabeza privilegiada, ya sea para jugar al golf o para ser persona. Según él, gran parte de mérito se lo debe a su hermana, que padece autismo, y que le ha mostrado desde siempre lo que es la vida real.

Ganó el golf, porque Jordan Spieth ha demostrado que todavía en el golf moderno se puede ganar aunque no seas un auténtico bombadero, aunque tampoco sea un jugador corte desde el tee. Ha ganado el golf, porque se ha vuelto a demostrar, que en este deporte lo importante no es tener un swing bonito, si no un swing efectivo, y el de Jordan Spieth, así se ha demostrado, a “pesar” de que su grip  no es el que nos enseñarían en ninguna escuela, pero es el que le permite a él controlar la cara del palo una y otra vez. Lo que hace la bola depende de la física, y ésta no sabe lo que es un swing bonito o feo.

Sí, echamos en falta la emoción, pero en mi caso particular, la lección magistral de juego ofrecida por Jordan Spieth durante todos estos días, creo que se merecía un final como el que tuvo. Un final en el que su juego y su cabeza, no dejaron acercarse a unos seguidores de la talla de Justin Rose o Phil Mickelson, que a buen seguro a principio de semana hubiesen firmado el -14 obtenido si se lo hubiesen ofrecido, porque quien habría podido pensar, que para esta edición, dicho resultado iba a resultar insuficiente.

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